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Subvertir a las doctrinas sagradas

Por Luigi CAMPOS

Nacer no es lo mismo que empezar a existir. El hombre como las doctrinas búdica, cristiana, islámica, judaica, marxista y védica, entre las más principales, nacen para los demás y para sí mismo, en el preciso instante en que se hace visible a través del tiempo. Pero es bastante claro que la Doctrina no se acepta ni se practica como disciplina moral y mental, sino, que el uso que se hace de ella es eminentemente religioso, y pragmático. Lamentablemente un deseo vano y un falso apego a lo simplemente temporal para abrasar una religión que supone el fin de la vida

Es tan opuesta la relación del hombre con la Doctrina que ha renunciado a ella y más aún la arremete; pero también la necesita para orientarla en un nivel intermedio que no sea tan alto que establezca la disciplina en todas las direcciones, como un esquema de integración, ni tampoco, tan bajo que deje al hombre sin defensa. Es el esfuerzo del hombre que la Doctrina se modele de manera conveniente hacia él.

¿Qué representan las Doctrinas? Representan un único idioma: el idioma de la generalidad y universalidad, hasta la médula del psico-espiritual del hombre, incluso, hasta la conquista de los pueblos, sociedades, estados, gobiernos, etc.; hasta alcanzar su emancipación y liberación con "el mundo". Surgen alejados de los límites. Y bajo ninguna circunstancia se presenta en ellas su carácter "neutral". Que guía hacia la sabiduría y a la visión interna. Es luz ilimitada, libre, radiante, pura, creadora de alegría incesante e inexpresable. Una idea de esta estrecha asociación la proporciona los siguientes credos:

Del credo budista:

"Quien ve el Dhamma, me ve [es decir, a Buda]; quien me ve, ve el Dhamma".

Del credo cristiano:

"Otra vez Jesús les hablo, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Del credo islámico:

"Por cierto que, a quienes niegan nuestras aleyas les introduciremos en el fuego infernal. Cada vez que su piel se haya abrasado, se la cambiaremos por otra piel, para que experimenten el suplicio; porque Dios es poderosos, prudente".

Del credo judaico:

"Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días".

Del credo marxista:

"No es la conciencia de los hombres lo que determina la realidad; sino la realidad social es la que determina su conciencia." Marx y Engels.

Del credo védico:

"Aquellos que ejecuten sus deberes de acuerdo a Mis mandatos y que siguen estas enseñanzas fielmente, sin envidia, se liberan del cautiverio de las acciones fruitivas".

En una cultura como la nuestra tan vil, humillante y mísera; pragmática y reciclada, sería imposible negar que el hombre subvierte a las Doctrinas. Lo dicho debe ser suficientemente claro cuando se advierten los conceptos del hombre como agente sin ataduras, ni límites y con autoridad incondicional en el mundo. Una Actitud que adopta frente a las Doctrinas en definitiva liberal y conservadora; una actitud desligada e inconexa con las Doctrinas; actitud contradictoria y alejada de la línea coactiva e inflexible de las Doctrinas y que se conciben  sin concesiones  ni partidismos.

Nuestra imaginación creativa puede ser buena presentando ideas morales con la intención de construir leyes "racionales" o "utilitarias". Sin embargo, no hallará en el fondo principios claramente filosóficos y científicos como parte integral de la verdadera vida y condición indispensable de su renovación sino está bajo la influencia preponderante de la Doctrina. Puesto que la Doctrina en su concepción tiene una gran influencia en la orientación del pensamiento y la cultura: expresados en crear valores y a legislar normas de comportamiento individual y colectivo; principios de creencias, de administración y justicia, de moralidad, de relaciones humanas y principios de conocimientos, dentro del contexto general en ciertas naciones.

 Por lo mismo, podemos apreciar el valor de este juicio y prestemos mucha atención de la mutua interdependencia que se busca de las Doctrinas [aunque cuestionados por su relativismo, pragmatismo, y en otras, limitadas en su alcance] dentro del contexto general de una nación, como la fijación de políticas en la legislación de Argelia, Cuba, China, Egipto, Irán, entre otros. Queda claro en estos países el resurgimiento de la presencia de la rebelión del hombre contra sí mismo; en donde se transfiere la soberanía de la Doctrina como un agente moral y autorizada por encima de las reglas y juicios "morales" que expresan los liberales y conservadores.

Así se comprueba la naturaleza del hombre: El hombre muestra en sus conceptos ideas "flexible" y "progresistas", es decir, presenta cuadros heterogéneos, una ley de desarrollo personal, intermedio o liberal. En cambio, las Doctrinas presentan una naturaleza de mandato totalitario, para ordenar la vida del hombre y todo lo que este ha creado. Dice el sagrado Corán: "¡OH humanos!, en verdad os ha llegado una exhortación de vuestro Señor que es medicina para la enfermedad de sus almas" (1:57).

Por lo mismo: El ser humano urde planes y ajusta y concierta propósitos independientemente de la presencia de las Doctrinas. Y más que seguro está que a través de su "genio esencial" en un determinado tiempo-espacio histórico logrará su realización. reinará el imperio de la rectitud y de la justicia. Una voluntad cimentada en la capacidad de las características comunes de los hombres: de visión progresista, razonable, tolerante, etc.

Por desgracia, esta alternativa divisional del hombre con la Doctrina (veámosla así, como bien intencionada, y muy encantadora y positiva) no es moral ni espiritual, sino erróneas y contradictoria. Puesto que es difícil de aceptar a la luz de lo que es el hombre irreal e iluso, que surja una naturaleza integracionista, que logre regenerar y perfeccionar si está divorciado con su propia espiritualidad. Escribió alguna vez Spengler: "la técnica de su vida es como la de una rapiña, magnífico, valiente, astuto, cruel. Vive atacando y aniquilando. Quiere ser Señor desde que existe."

Las Doctrinas tienen un sistema de pensamiento filosófico, una interpretación del ser, un Libro sagrado fundamental que ella unifica, integra y dirige; todo con un sólo propósito hacia la paz, la verdad, la rectitud, la justicia y la democracia. Con ella podemos disfrutar de un auténtico desarrollo político, social, económico y cultural; Y con ella el hombre deja de ser "el hombre- masa" "un producto" "una cosa", para poseer una existencia auténtica.

Lo indudable está en que las Doctrinas no se disfrazan a nuestro gusto: no adoptan colores, formas, ideologías, moralidades o fe de cualquier grupo. Para ellas, la dinámica del progreso es global; un sentimiento universal; una idea ampliamente aceptada.

Por último, también es subvertir a las Doctrinas, cuando se incurre con un propósito de evidencia religiosa para socavar los intereses de una nación  educados sobre la base de una Doctrina. Cuesta hoy en día aceptar o dar por sentado que en China se conciba como una nación marxista, pero nadie negará que hay un importante aspecto cultural esencial en el pueblo chino para su comprensión filosófica del marxismo ante las creencias cristianas. Por lo tanto, incurrimos en desagradable equivocación si intentáramos introducir nuestra fe religiosa cristiana tal como es: individualista, secular, misional, liberal, conservadora y múltiple, como lógica redentora y liberadora en China. Adviértase que las experiencias religiosas demuestran claramente que guardan un espíritu de sombría seriedad y como institución religiosa son únicamente extensiones de nuestros egos a través de las cuales intentamos poseer nuestros mundos, nuestros yoes, lo cual es una auténtica farsa e inadmisible una realidad religiosa cristiana en la dialéctica china. Ésta es una llamada a admitir la total irresponsabilidad y culpabilidad en una institución o movimiento religioso como un auténtico atentado para desviar y socavar el pensamiento chino existente. Por lo tanto, pretender introducir un modelo religioso en China es histórica y doctrinariamente inmoral y que merece nuestra más profunda condena.

Entonces, ¿cómo introducir el cristianismo en China? Una acción auténtica que uno pueda emprender en China únicamente es posible a través de nuestra implicación verdadera con la Doctrina cristiana: dirección de existencia auténtica y revolucionaria. Tomemos como ejemplo de esto la lección bíblica que nos ofrece Eclesiastés XI, 1"Arrojad vuestro pan sobre las aguas, porque lo encontraréis al cabo de muchos días". Y decirles a las instituciones religiosas convencionales y del pensamiento religioso convencional que "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros." Mateo 23:15

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