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¿Podemos afirmar que las
manifestaciones por la paz hoy en día en occidente se describe como parte de
una contra cultura a la cultura hegemónica actual? Indudablemente que no.
Puesto que identificar a una contra cultura no se puede dar si no existe
primero un nuevo nacimiento, una metamorfosis interior, un estudio de la
existencia, un despertad del sentido social, de la conciencia a través de
una cosmovisión ideológica que predomine en este caso de su Doctrina.
Ciertamente, para que pueda surgir un movimiento pro paz de corazón ,
de naturaleza, de amistad y de amor debe de existir, por una parte, una serie
de condiciones
sociales (es decir, normas comportamientos e instituciones que distingan del
cinismo, de la moda y de la superficialidad y, por otra parte, una serie de
imágenes culturales (es decir valores y atributos asociados específicamente
al despertad de la conciencia).
Pero, tanto unas como otras y en su conjunto, no será posible puesto
que impera la cultura hegemónica
(Conjunto
de formas de vida y valores difundidos por las instituciones
dominantes, que corresponde a la distribución
del poder cultural a escala de la sociedad más amplia.)
Por otro lado, los derechos humanos están presos de su propio éxito, puesto
que hoy en día es algo que se vende. No resulta extraño ver a famosos,
especialmente cantantes que organizan grandes concentraciones para apoyar
los derechos humanos en general, resolver algún problema o respaldar a una
organización especifica. Rápidamente podemos recoger pliego y pliegos de
firmas para
llamar la atención sobre la violación de los derechos de los negros en
Sudáfrica, la situación de los prisioneros políticos en Marruecos o la
discriminación de los trabajadores inmigrantes en España. Pero llega un
momento en que nos queda la sensación de que estamos ante una adhesión
mimética, porque se apuntan los demás o porque el asunto está de moda, No
hay una verdadera toma de conciencia de lo que se está haciendo, ni de las
implicaciones
que puede tener el apostar por los valores que están incluidos en las
declaraciones. Convirtiéndose de tal manera en una especie de moral
convencional, que se nos trasmite en la educación o a través de los medios
de comunicación, y en la que creemos.
Si toda moral convencional se caracteriza por ser una moral que busca la
aceptación pasiva de las personas Y si esta moral convencional está dirigida
por la cultura hegemónica occidental, entonces podemos dar una explicación
que
las manifestaciones que irrumpen en el escenario con su significativa
etiqueta "no a la guerra" están edificadas entre la fórmula sutil de la
existencia de la cultura hegemónica. A esta cultura hegemónica no está
interesada en
llamar
a todas las personas a adoptar una posición activa de compromiso con la
sociedad en la que viven y con todos las personas que forman parte de
dicha sociedad. Y que nos permita adquirir una conciencia histórica,
pues es
imposible. Pasolini consideraba la revuelta universitaria como una
cuestión interna de la burguesía, "una lucha intestina" , que nada tenía que
ver con los intereses reales de los verdaderos explotados. De ahí que toda
rebeldía nacida de la cultura hegemónica se desvanece en oratoria; es
demagógica, es caricatura, es una hipocresía presentado con cara de
indignación.
El "no
a la guerra" es un fenómeno de moda. inducido por el mercado, o la
imitación de los ídolos como es el caso del fotógrafo norteamericano Spencer Tunick
quien ha logrado realizar este domingo 8.VI en Barcelona, España, la
fotografía con más cuerpos desnudos de todas las que ha realizado a lo largo
de su carrera, ya que a la cita han acudido alrededor de 7.000 personas
entre adultos, jóvenes y niños, y entre aplausos, y hasta vítores
contra la guerra. Y ante esta impúdica actuación pública, ¿ por qué las
autoridades españolas permitieron su celebración? ¿Y dónde están las
denuncias de las autoridades políticas y religiosas? Esto es un ejemplo más
del poderoso ego, del narcisismo, de una sociedad aferrada
al ocio, al consumo, a los estilos, a las satisfacciones inmediatas y a la
permisividad sexual que santifican el placer de la carne, inmortalizan los
cuerpos, todo un "arte" motivo de comunión: en Melbourne 4.500, Santiago de
Chile 4.000, Sao Paulo: 1.500, Buenos Aires: 450. de la cual no hay reacción
manifiesta de protesta.
Muy
a pesar de la opinión de los optimistas pensadores y sociólogos
occidentales que consideran las manifestaciones pro paz o "no a la guerra"
un resurgir de la mentalidad madura y de contra
cultura debo de manifestar mi oposición a ello. Debemos de saber que
estas manifestaciones responden a l os intereses de la cultura hegemónica y
más aún las crea y las modela a su antojo. Estas distan mucho de ser
construcciones morales, de espacios vitales y de
contra cultura. Son sólo recreaciones
para las identidades individuales y colectivas. Son simples receptores e
instrumentos pasivos de la cultura institucional y masiva. Es el mismo
escenario y que desemboca en una siempre "cultura de la pobreza espiritual y
moral", más allá de todo pensamiento doctrinal expuestas en las doctrinas
sagradas. No es una experiencia vital. no hay un propósito sincero de
cambio, a evolucionar, a crecer y a enriquecerse con las experiencias que se
den en sus movilizaciones. Es sólo el producto de un espacio y de un tiempo
específico, manejados por la cultura hegemónica (medios de comunicación,
organismos de gobierno o instituciones políticas, religiosas y académicas).
Es un disfraz de la cultura tradicional. Es teatralizar "el cambio social",
sumido en la superficialidad. Es sensacionalismo. Es transformismo
político-cultura y. Lo cierto es que se difunden sin sentido y al cabo
de un tiempo se apagan, se fosilizan o son apropiados por los políticos,
religiosos e intelectuales de la época. Surgen sin estado de
conciencia generacional, convirtiéndose por tanto en a-históricos.

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