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La doctrina islámica califica la actitud de los aliados como los verdugos colectivos que masacraron al pueblo iraquí y como gusanos moralizantes reconstructores. La doctrina islámica califica al pensamiento occidental como impío. Pues, este mundo imaginario occidental creyó que tras la conquista iraquí la dominación política resultaría también posible. ¡Qué simplismo y falto de comprensión del Islam, pretender conquistar la conciencia de un pueblo islámico a través del pensamiento occidental! Señores, el Islam contradice toda propuesta política de los dioses y demiurgos occidentales en Irak. Y no sólo la contradice sino que la rechaza y se rebela contra ella.
El "No hay nada peor que la novedad; toda novedad es una innovación [ bid´a ]; toda innovación , un extravío; todo extravío conduce al fuego del infierno" (cit. por Sabrina Mervin, Histoire de l´Islam, París, 2002, p153). Los países de población sunií creen en la obediencia de sus gobernantes, en tanto que los chiíes siempre creyeron en la rebelión; unas veces fueron capaces de rebelarse, otras se vieron obligados a guardar silencio (Jomeini, 1981). Y hoy el chiísmo advierte a los aliados y el sunnismo observa. El liderazgo es hoy del chiísmo, es el potencial movilizado del pueblo iraquí. y será el desplome del plan ideológico de Washington. El chiísmo es la oposición democrática laica del régimen de Sadam Hussain. (En 1968 se produjo el golpe de estado del laico partido Baas, nacionalista árabe y socialista) carente de la capacidad movilizadora para derribar al más poderoso. El chiísmo será el "modelo a imitar" (marya´ u--taqlid) para los musulmanes. El chiísmo afirma el imperio de la sharía, en la ley del Islam. La necesidad de un gobierno iraquí apartado de la doctrina islámica -como lo vengo repitiendo en mi tratado filosófico- supondría admitir la legitimidad de un gobierno de la infidelidad (kufr), donde el gobernante es un tirano en términos coránicos un falso dios (taghūt).
Por antonomasia el Islam es un
planteamiento estrictamente revolucionario, en donde se aplica la consigna
de que el carácter unitario de la umma de los creyentes corresponde un
sólo gobierno islámico. Por lo tanto, el peor enemigo del imperialismo
norteamericano no son los gobiernos musulmanes sino es la Doctrina
Islámica. Y si los invasores pretenden establecer un gobierno a la hechura
del pensamiento occidental liberal se producirá la revelación y
resistencia contra la opresión política norteamericana. Y esa oposición
vendrá de los chiíes o de los sunies.
"Con el fin de garantizar la unidad de la umma, de liberar a la patria islámica de la ocupación y de la penetración por los imperialistas y sus gobiernos marionetas, resulta imperativo que establezcamos un gobierno. Con el fin de alcanzar la unidad y la libertad de los pueblos musulmanes, debemos derribar los gobiernos opresivos instalados por los imperialistas y establecer un gobierno islámico de justicia que esté al servicio del pueblo. La formación de semejante gobierno servirá para mantener la disciplinada unidad de los musulmanes" (Jomeini, 1981). A los imperialistas y gobiernos marionetas como comprenderán, la forma que habría de tener el gobierno iraquí sería islámico, no tiránico ni absoluto sino constitucional. Y que la soberanía y con ella el poder legislativo sólo pueden corresponder a Alá, y en consecuencia los límites serían los marcados por el Corán y la Sunna (Azuna). Uno de los miembros influyentes de los grupos que contribuyen a definir la política exterior norteamericana, Amos Perlmutter, no dudaba en escribir en el Washington Post:"El Islam, sea integrista o no, ¿es compatible con la democracia representativa de tipo occidental, orientada hacia los derechos del hombre y liberal? La respuesta es claramente no".
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