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"Si encontráis al Buda, matad al Buda"

Por Luigi CAMPOS

Éstas fueron las palabras de un maestro del siglo IX fundador de la línea Lin-Chi del budismo zen. Palabras muy originales, por cierto, motivadas por el pensamiento que Gautama tenía contra el culto a la personalidad, y quien incesantemente enfatizaba que su vida y su personalidad no eran útiles sino sus enseñanzas.Siempre les había dicho a sus seguidores que no lo mirasen a él sino al Dharma (Doctrina), y que él como persona nunca había sido importante.

 Y el Buda le dijo a su discípulo Ananda:

 

 “Debes estar pensando, Ananda: “la palabra del Maestro es ahora algo que permanece al pasado; ahora ya no tenemos Maestro”, pero no es así como deberías verlo. Deja que el Dharma y la disciplina que te he enseñado sean tus maestros cuando yo me haya ido.”

 

Un día, en Venugrama, el Buda prorrumpe:                                                   

 

“¿Qué más espera la comunidad de mí, Ananda? He enseñado el Dharma constantemente, y a mis ochenta años estoy débil... Por eso, Ananda, debes ser tu propia antorcha y tu propio refugio. No tengas otra antorcha que el Dharma, ni otro refugio que el Dharma.”

 

Y ante la vida de Siddharta Gautama según sus preceptos y por medio de una reflexión, identificarse hacia el culto de la personalidad del Maestro, no sólo observo una estrechez espiritual y moral, sino una grave posición de imprevisibles consecuencias en contra de la praxis del Dharma. Semejante desenlace ocurrió con la muerte del Buda, desconcertando a la mayoría de sus discípulos y hundiéndolos en una profunda desesperación; experimentando una sensación de vacío, de desorientación y de abandono.

 

Tanto el Maestro les enseñaba el sentido de la vida, pero la mayoría de ellos, a la muerte de éste, seguían en contacto con las tentaciones e ilusiones de este mundo.

 

Por lo tanto, si a continuación considero tratar la vida de Siddharta Gautama es tan sólo para descubrir al creador de un conjunto vivo de pensamiento que constituye el Budismo.

 

“He aquí, monjes, que en el mundo aparece un perfecto santo, perfectamente iluminado, perfecto de saber y buena conducta, bien encaminado, conocedor del universo, insuperable guía de los hombres necesitados de corrección, maestro de dioses y de hombres, iluminado. Este, habiendo comprendido por experiencia propia este mundo con sus divinidades, con Mara y Brahma, con la humanidad y sus ascetas y sacerdotes, sus príncipes y plebeyos, lo da a conocer. Y expone la enseñanza, buena en su principio, buena en su medio y buena en su fin, según la letra y según el espíritu, y proclama la vida de pureza lograda en su integridad y perfección.”

 

 

Así se refiere Majjhina Nikaya por la figura del Buda Gautama. De quien se le suele llamar en la cultura occidental Siddharta Gautama (Siddharttha Gotama así se translitera su nombre del pali y del sánscrito la transliteración es Siddhartha) Siddharta que significa “el cumplimiento del objetivo” o “el que ha cumplido sus fines”.

 

Siddharta Gautama nació como príncipe de los shakyas. Y quien recibe el epíteto de Shakyamuni “el sabio de los shakya” o “el sabio silencioso de los shakya” o “el santo del clan de los shakya”, después de su iluminación; otros dicen que fue conocido así, después de haberse separado de su maestro y haberse decidido buscar el camino de la iluminación en solitario.

 

También se dice que él solía referirse a sí mismo como el Tathágata, controvertida palabra que a veces se traduce como “el predestinado”, pero que sólo parece significar “el que siente”. Otros autores lo traducen como “aquel que ha realizado su budeidad”. O también “el así ido”. El Tathágata es uno de los diez títulos de  Buda que él mismo utilizaba cuando hablaba de él o de otros budas.

 

Fue conocido también como el Bodhisattva, “alguien que va por la senda de la iluminación, que trabaja y se sacrifica en beneficio de los otros seres” o “un ser que despierta” o que tiene una “naturaleza vigilante”. Se dice que el Bodhisattva al superar todos los grados de la realización y tras haber comprendido plenamente el ciclo del “origen causal”, el haber alcanzado el Nirvana; El despertar total; es Buda. Y es entonces en donde el Buda entona su famoso canto de la victoria:

 

Buscando al constructor de la casa,

 he recorrido mi trayecto en el torbellino

de nacimiento sin número,

que nunca escapan a las trabas (de la muerte);

el mal se repite de nacimiento en nacimiento.

 

Señor de la casa, ¡te veo!

Nunca me construirás una casa,

tu armazón está ahora destruida,

el caballete del tejado está hecho astilla,

se deshizo la estructura.

Mi mente ha llegado a la aniquilación del deseo.

 

 

Conocido como el Buda, que quiere decir según el texto inglés the avakened one cuya traducción sería “el despierto”, en castellano el apelativo que se aplica es “el iluminado.” Más tarde también fue llamado Buda Shakyamuni o Buda Gautama, es para distinguir del Buda histórico  de los budas trascendentales.

 

¿Fue Siddharta Gautama una figura histórica? A ciencia cierta no es posible considerar históricamente fidedigna la vida y enseñanza de Siddharta Gautama, o Buda, como lo llaman sus devotos.

 

En el año 1896 el investigador Alois Führer descubrió, en un área salvaje de la región nepalesa del Terai, un fragmento de columna con la inscripción siguiente: “El rey Piyadasi, amigo de los dioses, veinte años después de su consagración, acudió en persona a este lugar, tributándole homenaje porque en él nació el Buda Shakyamuni.”

 

Pues, esta inscripción hecha por Piyadasi, conocido como Asoka, que gobernó el reino Mauryo situado al norte de la India desde 269 hasta 232 a EC, y quien viviera unos doscientos años después de Buda, sinceramente, no nos sirve como una información fidedigna para afirmar a Gautama como una figura histórica. Puesto que podríamos sostener que dichas inscripciones acerca de Buda se trataría sencillamente de una personificación de la entonces imperante filosofía Samkhya o un símbolo del culto solar. Un funcionario del Museo Británico hasta afirmó que “la gran cantidad de leyendas y milagros (...) es imposible sacar de entre ellos la vida histórica del Buda.”

 

Es preciso repetir que si Gautama no surge a ciencia cierta como figura histórica, pero no por ello queda inválida esa posibilidad, puesto que los textos fundamentales del canon búdico (las Escrituras budistas) nos revelan acerca de la vida y la personalidad de Gautama.

 

Por lo tanto, en consideración y dependencia de las escrituras búdicas razonablemente abandono una postura escéptica y referirme de él como algo completamente velado y plausible.

 

La fecha de nacimiento de Gautama Y de su “gran partida” es controvertida. Se dice que nació en el 563 a de EC. Y que murió en el 483 a de EC, después de haber predicado durante casi 50 años su verdad que, había descubierto a los 35 años.

 

¿Qué dicen los textos sagrados budistas de la vida de Gautama? Veamos un relato de cómo llegó a concebir a Gautama en un sueño la madre del Buda, la reina Maha Maya.

 

“Los cuatro ángeles guardianes vinieron y la levantaron, junto con su lecho Y se la llevaron al Himalaya (...) Entonces vinieron las esposas de aquellos ángeles guardianes y la condujeron al lago Anotatta, y la bañaron, para quitarle toda mancha humana (...) No muy lejos de allí estaba el Cerro Plateado, y en él una elegante residencia dorada. Allí extendieron un lecho divino con la cabecera hacia el este, y la acostaron sobre él. Ahora bien, el futuro Buda había llegado a ser un magnífico elefante blanco (...) Ascendió al Cerro Plateado, y (...) caminó tres veces alrededor del lecho de su madre, con su costado derecho hacia él, y golpeándola por el costado derecho, pareció entrar en el vientre de ella. Así tuvo lugar la concepción en la fiesta a mediados del verano.”

 

Hay otra narración en los textos sagrados que dice: “El salió del vientre de su madre como un predicador que desciende de su cátedra, o un hombre que baja por una escalera, con ambos manos y ambos pies extendidos, sin mancha de impureza del vientre de su madre.

 

“Tan pronto como nace, el (futuro Buda) coloca ambos pies firmemente en el suelo, da siete grandes pasos hacia el norte, con un dosel blanco por encima de la cabeza, y examina las cuatro partes del mundo, mientras exclama con sonido inimaginable: Yo soy el principal, el mejor y el primero del mundo; este es mi último nacimiento; nunca más volveré a nacer.”

 

Habría que agregar en este relato de la vida de Gautama un texto moderno, A Manual of Buddhism que dice lo siguiente: “El día de la luna llena de mayo del año 623 a.C. nació en el distrito de Nepal un príncipe indio shakya que tenía por nombre Siddhartha Gotama. El rey Suddhodama fue su padre, y la reina Maha Maya fue su madre. Ella murió pocos días después del nacimiento del niño, y Maha Pajapati Gotami fue su madre adoptiva.

 

“A la edad de dieciséis se casó con una prima, la hermosa princesa Yasodhara.

 

“Andando el tiempo, gradualmente se dio cuenta de la verdad. En su año 29, cuando vino el momento crucial de su carrera, nació su hijo Rahula. Él vio a este hijo como un impedimento, porque se dio cuenta de que toda persona sin excepción tenía que nacer, enfermar y morir. Al comprender así la universalidad del dolor, decidió hallar una panacea para esta enfermedad universal de la humanidad.

 

“Por eso renunció a sus placeres de la realeza, abandonó su hogar cierta noche (...) se cortó el pelo, se vistió sencillamente como un asceta, y salió a vagar como Buscador de la Verdad.”

 

Buda anuncia su propia muerte. Buda había cumplido ochenta años. Y cierto día le pidió a Ananda que convocase a los monjes para hablarles. Una vez reunidos, se dirigió a ellos y les dijo:

 

“Monjes, siempre os he anunciado que todo lo compuesto tiende a descomponerse, que todo decae, que todo envejece. Insistid diligentemente en la práctica. El Tathágata os abandonará en el plazo de tres meses. No os sintáis después solos ni desasistidos. La Doctrina es el maestro. Debéis permanecer auto vigilantes, lúcidos, ecuánimes. Todo fluye, todo cambia, toda nace y muere, nada permanece, todo se diluye; lo que tiene principios, tiene fin, lo nacido muere y lo compuesto se descompone. Todo es transitorio, insustancial y, por tanto, insatisfactorio. Hay un dominio sin deseo. Hay Nirvana. Id hacia el Nirvana. Hay un camino; recorredlo sin demora. Os exhorto a cultivar la genuina moralidad; os exhorto a hablar la Sabiduría liberadora.”

 

Según el Sutra (Discurso) Nirvana (Supresión), poco antes de morir, Gautama, se dirigió a sus discípulos en estos términos:

 

 “No creáis que cuando yo desaparezca os dejaré sin guía. Vuestro guía serán mi Enseñanza y mis Preceptos y, si alguno de vosotros sigue dudando aún, ha llegado el momento de preguntarse sobre todo ello para no tener que lamentaros más tarde, diciéndoos: “¿por qué no se le hemos preguntado cuando aún estaba vivo?”

 

 Y mientras yacía moribundo, el Buda dio las últimas instrucciones sobre su funeral. Sus cenizas tenían que recibir el mismo trato que las de los cakkavatti (Cakkavatti: Señor del Mundo o Emperador Universal del folclore hindú que gobernaría todo el mundo e impondría justicia y virtud por la fuerza); su cuerpo sería amortajado y cremado con maderas olorosas y los restos enterrados en el cruce de caminos de una gran ciudad. Se dice que desde el principio hasta el final, el Buda había sido comparado como un cakkavatti, “y después de su iluminación había ofrecido al mundo una alternativa al poder basado en la agresión y la coerción.” (Buda de Karen Armstrong).

 

Y esto también se dice de su muerte: Los príncipes mallas trasladaron el cadáver del Buda hasta la ciudad, donde le rindieron honores de soberano. Su cuerpo fue lavado y rociado con los néctares más exquisitos y, luego, incinerado con la más pura madera de sándalo.

 

Una versión china dice que el cuerpo del Buda fue envuelto en diez mortajas sucesivas, mientras que el canon pali habla de quinientas capas alternadas de algodón y de lana y de dos féretros de hierro que contenían aceite. En cualquier caso, el cuerpo sería quemado siete días después de la muerte y las cenizas se distribuirían entre diversos clanes y el rey Ajatashatru.

 

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