Inicio - El autor - Presentación - Doctrinas - Documentos

Inmigrantes

doctrinaypraxis.org                                          doctrinaypraxis@doctrinaypraxis.org 

¿Dónde está el cristianismo?

Por Luigi CAMPOS

  "Todo árbol bueno produce fruto excelente, pero todo árbol podrido produce fruto inservible; un árbol bueno no puede dar fruto inservible, ni puede un árbol podrido producir fruto excelente. Todo árbol que no produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al fuego. Realmente, pues, por sus frutos reconocerán a aquellos hombres."

¡Vaya! Cómo vivifica y edifica este mensaje bíblico de Mateo 7:17-20, y es tan extensiva y reveladora y que entra en conexión directa con nuestro tiempo y al mismo tiempo nos da respuesta sobre dónde está el cristianismo en el presente occidental.

No podemos eludir ni suspender el juicio que occidente, con su espíritu impelente y antagónico, ha excluido deliberadamente contra aquello que le puede dar refugio y amparo contra la angustia existencial la Doctrina Cristiana.

He aquí al hombre contemporáneo occidental "cristiano" que ha sustituido el Fundamento por un credo tradicional pagano la Religión Cristiana, y que ha religado con toda institución religiosa que sólo dan respuestas con el tiempo hacia una dirección definitivamente equivocada.

El hombre contemporáneo occidental "cristiano" es en sí un "ser hacia la muerte", que sufre, envejece y muere por su alabanza, admiración y praxis con las obras de la carne. Y en esa situación irresponsable e irracional no será capaz de vivir una vida plena, colmada de sentido y digna de ser vivida.

Es un hecho real que la civilización occidental ha entronizado a la Religión Cristiana. Una Religión Cristiana que fluye a través de un cuerpo institucional religioso y que coexisten, y que por sus variaciones también son personales y construidas sobre la base de una significación compasiva y misericordiosa, y, otras veces, montadas sobre necesidades según las circunstancias.

No podrá negarse que actualmente la religión Cristiana se forma sobre un conjunto de concepciones y creencias que no se encuentran ni se enseñan como deberes ni responsabilidades en la Doctrina Cristiana, la Biblia.

Por ejemplo, ¿dónde están aquellas expresiones y términos religiosos particulares, elementos folclóricos y simbolismos en el seno de la Santas Escrituras, la Biblia, como la indulgencia, el purgatorio, la eucaristía, la transubstanciación, la autoridad pontifica, las confesiones, las beatificaciones, los sacramentos, los sacerdocios, las jerarquías, la idea de Iglesia como cuerpo institucional, los monasterios, las denominaciones, las ofrendas, los santos intercesores, la devoción a la Virgen, adoración a los ritos de los templos, a los símbolos paganos, a las fiestas triviales como la fiesta de la Navidad, la Epifanía, la de san Juan, la del Señor de los Milagros, etc.?

Indudablemente el desarrollo de esta desconcertante variedad de prácticas y conceptos religiosos no son más que deformaciones y aberraciones, como de inútiles e inservibles, de un absurdo categórico y que no son verdades ni virtudes procedentes de la Biblia. Aquí el hombre occidental que pide lo que la Religión Cristiana le da lo conduce en definitiva a la perdición y condena.

Digno y oportuno es mencionar de esta observación la postura de Lutero (1483-1546) Para Lutero todos los que viven de la fe, todos los justos, todos los que ya han sido salvados forman parte de la Iglesia. Constituyen la Iglesia. En consecuencia, la Iglesia, formada por los justos y salvados, no es una institución visible y ordenada desde afuera. Mas bien es una institución de carácter invisible. Dentro de ella no hay una autoridad interpuesta y mediadora entre el creyente, el justo, y Dios. La Iglesia, pues, es la Congregación de los que han sido salvados por la Gracia Divina, la congregación de los que viven únicamente de la Palabra de Dios.

Dentro de la iglesia, tal como lo entiende Lutero, todos son creyentes y todos participan del mismo sacerdocio. No existen sacerdotes propiamente dichos; no hay grados ni distinciones. La Iglesia, es, pues, un cuerpo místico e invisible del que sólo Cristo es la Cabeza. En este cuerpo la norma exclusiva es la palabra de Dios y los dos únicos sacramentos son los instituidos por Cristo: el bautismo y la cena.

En este sentido, ¿qué pretende la Religión Cristiana? Pues a partir de su apariencia íntima y sutil es el sincretismo, es decir, una reacción de esta hacia la reforma de la Doctrina Cristiana.

Esta corriente degenerativa, alimentada por el tiempo fue un acontecimiento juzgado rigurosamente por el apóstol Pablo quien reaccionó enérgicamente en contra y con el llamado concilio de Jerusalén.

La Religión Cristiana no es una posición de orden, una respuesta positiva a nuestro tiempo, o una palabra que signifique resonancia perenne, sino, simplemente, es una intelección coactiva y condicional, que cae en la individualidad, que pertenece al componente cultural occidental de nuestro tiempo, que su participación se manifiesta en una actitud mecánica de unos a otros, y que comparten el criterio que los problemas son enteramente personales e intransferibles, es decir, una racionalidad de la "aritmética de la salvación".

La Religión Cristiana no se dirige en dirección de los niveles superiores del bien común y social y no quiere internarse en la aceptación que sus dogmas no son un proyecto de naturaleza hacia la trascendencia. Descubrimos con ello que la Religión Cristiana está exenta de una intrínseca historicidad.

Ciertamente, la Religión Cristiana aleja al pueblo del corazón de la cristiandad y convierte al hombre en un individuo necesitado de protección y de auxilio, incapaz de vivir su vida y de crecer autónomamente.

¿Podemos aplicar a través de la Religión Cristiana un culto y una filosofía para los esclavos, mendigos y pobres de la Tierra? ¿Es posible ser una influencia civilizadora para la Humanidad? La respuesta es un no. Puesto que es la desviación del fundamento de la Doctrina Cristiana y puesto que se mueve sobre el sentimiento del humanismo tendencia contraria al sentimiento cristiano.

Sigamos marcando la diferencia entre Doctrina Cristiana y Religión Cristiana. La Doctrina Cristiana no muda de naturaleza, ni la sustituye por otra porque se asienta y está segura sobre el fundamento en la Biblia.

La Doctrina Cristiana es en sí la Biblia puesta en praxis. Sólo la Doctrina Cristiana encarna verdades divinas, trascendentes, inmanentes, definitivas, completas, universales y transformadoras e inexorablemente rebelde y revolucionaria. Es el camino y respuesta a lo desconocido. Es el restaurador de la vida y que permite buscar la fuente de la trascendencia de la vida y aquella en la cual el hombre se profundiza. Es aquella en donde el hombre puede hallar la Gracia Salvífica,

Hasta aquí nos hallamos con la respuesta hacia el mensaje bíblico cuya naturaleza de occidente decadente y corrupta se identifique como un árbol podrido. Por lo tanto, ¿podríamos aceptar que "todo árbol que no produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al fuego? Ciertamente, en tanto que occidente es el árbol podrido, es inevitable que su humanidad sea cortada y echada al fuego.

¿Cuándo desaparece la Religión Cristiana? La posibilidad de salir de ella es solamente cuando desaparezca el cuerpo social al que esta Religión pertenece, lo cual desaparece también la Religión Cristiana.

¿Dónde está el cristianismo? Configurada por dos extremos opuestos entre la Doctrina Cristiana y la Religión Cristiana. Y la determinante, que la transmite y la propaga, y que, por los siglos, ha estado presente en la Humanidad, pues, en la Religión Cristiana.

Enviar este documento