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Reviviendo a Sísifo

Por Luigi CAMPOS

Sísifo, símbolo de la astucia y el cálculo, había engañado sucesivamente a Zeus y a Thanatos, dios de la muerte. Como castigo se lo condenó a llevar hasta la cima de una montaña una gran peñasco el cual, una vez arriba, rodaba nuevamente hasta el fondo y exigía a Sísifo por lo tanto a recomenzar una tarea que no tendría fin. A partir de esta mitología griega retrato al principal protagonista de la historia el Hombre, a saber, criatura racional de cuerpo corruptible, encadenado al culto y a la servidumbre de lo absurdo y de lo vano; destinado a sobrevivir incesantemente sobre sus opciones, actitudes y creencias advenida de la idea de la soberana tierra y sometido a ésta. De manera que permanece una y otra vez condenado a llevar su roca y desdeñado y en el fondo de su  historia.

¿Quién negará los conceptos vertidos por Adorno y Horkheimer al decir por qué la humanidad en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, desembocó en un género de barbarie? O, el sentir de Leandro Nicéfero Alem diciendo: "he terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril inútil y deprimido es preferible morir: ¡Sí, que se rompa pero no se doble! Mis fuerzas gastadas han sido incapaces para detener a la montaña y la montaña me aplastó."

Se trata de una realidad concreta, universal que descubre el espíritu del hombre: siempre con su creación estéril, su esperanza una rutina y su victoria un espejismo.

Y es que el Hombre, siglos tras siglos, es portador del peso de una roca que representa su Tradición. Que resulta ser dualista, ambivalente, conservadora y que sentó sus dominios sobre la estructura mental del Hombre, hasta convertirlo en un ser fiel y obstinado a no liberarse de ella. Y en tales condiciones trabaja y lucha con y contra la dualidad y con ella pretende revertir su condición humana, caótica. Lamentablemente, el Hombre recoge la ingenuidad y la desolación de sus aportes imaginarios tradicionales como un intento de que asegure su perfeccionamiento.

Para mantener su roca tradicional el Hombre alimenta su campo ideológico, psicológico e intelectual a través de la Moda. Con ella florecen iniciativas de todo tipo. Es la fuerza vital de la Tradición y que potencia al Hombre en su trayectoria hacia la cima. Y con esto se da la alianza entre el Hombre y la Tradición.

Si continuáramos imaginariamente esta trayectoria de Sísifo a partir de su roca, el conflicto por la cima y mantenerse en ella sería sólo posible para el Hombre a través de la conquista de una nueva roca, cual es la Doctrina. Esta muestra una ley de desarrollo que no conoce el Hombre hasta ahora, salvo algunas excepciones.

La Doctrina es aquella que se revela como una fuente de trascendencia y que promueve a la humanidad hacia niveles de conciencia universal; es aquel valor, factor, argumento que otorga un sentido trascendente al Hombre; es aquella que siempre permanece intacta frente a nosotros y más aún es un instrumento de creatividad que nos permite y posibilita lograr el conocimiento de la realidad profunda, y nos obliga por sí misma a penetrarnos en conocimientos inexplorados; una fuente de conocimiento cuyo valor es apoyarnos hacia la experimentación de ideales; un valor particular y autónomo, portador de una trascendencia que no guarda un vínculo de dependencia directa con la ideología religiosa y política, va más allá de un sinónimo ideológico. Se aparta de la Tradición; mientras que ésta la conserva, la modifica creativamente y la transmite con su inspiración. Esta es, pues, las Doctrinas búdica, cristiana, islámica, judaica, marxista y védica, entre las más principales de mi estudio, que están  sumergidas en la oscuridad y alteradas indiscutiblemente por la Tradición religiosa y por la Tradición pragmática en particular con el marxismo.

¿Pero que nos hace pensar que el Hombre no pueda conquistar una nueva roca? Sin dada es por su temor y porque anda escaso de un pensamiento fundamental (doctrinal). La Doctrina es una inmensa masa donde sale una respuesta extrema, exigente, severa, obligatoria, dominante, rígida, que podríamos llamar "frontal" y "absoluta", con la que el Hombre no quiere convivir. Abrimos como ejemplo una cita bíblica y apreciaremos lo evidente e inocultable de esta verdad. Levítico 26: 14,15,16,17: : "Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura que consuman los ojos y atormente el alma, y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán. Pondré mi rostro contra vosotros...".

Ante tal concepto y definición de la Doctrina, cabe preguntarse si el Hombre será capaz de ponerse en marcha hacia la cumbre, con su secular ruptura de su Tradición y  consiga  conquistar su nueva roca, la Doctrina. El hecho de que el Hombre es en el fondo una Voluntad de Poder (Nietzche), confiamos en la ecuación tiempo-espacio que podrá desprenderse de sus ataduras y proseguir una trayectoria vital, una dirección cierta y vigorosa y resuelta. Pero mientras tanto, el Hombre sigue siendo el que es, Sísifo

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