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¿Es un
hecho cultural con tradición de siglos y con el apoyo expreso de Por desgracia este tipo de espectáculo aún se sigue considerando como algo "inherente al pueblo español", un presente de los "siglos del cuerno", un fenómeno social que desfavorece todas las tesis compasivas con el reino animal. Veamos algunas pruebas de esta miserable condición humana. En el siglo XVII durante el reinado de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, se celebraba las fiestas de toros en lo religioso y profano. Motivos religiosos que podrían ser festividades, canonizaciones, beatificaciones... y profanos en llegadas y recibimientos, matrimonios, nacimientos, cumpleaños, viajes y acontecimientos públicos. Todos los años, con motivo de la festividad de San Isidro el 15 de Mayo comienza en Madrid la feria taurina que lleva su nombre, lo que significa un mes de corridas casi a diario (22 corridas de toros, 3 corridas de rejones y 3 novilladas picadas, en el año 2001). Esta carnicería anual también se celebra en mi país, Perú, e inicia un 1 de Octubre, llamada "Feria del Señor de los Milagros." ¡Es inaudito que Isidro honrado como un santo entre los españoles desde 1175 se manche el buen nombre de este! Lo más sugerente y apropiado para dicha fiesta podría llamarse: la fiesta de Lucifer, o la fiesta de Belcebú, o simplemente la fiesta del Maligno.
Habría que decir que la tauromaquia (el arte de lidiar
toros) no es más que una miseria de una fiesta nacional que no tiene nada
de divino, épico o sobrenatural como se esfuerzan en elevarla los
pro taurinos. Este acontecimiento que se extiende por todo el territorio español y a varios países del área hispanoamericana no es más que una "españolada" (palabra textual del sabio y Premio Nobel en literatura, en 1906, Ramón y Cajal). No es más que la obra "no de hombres sino del demonio" San Pío V. Un espectáculo de muerte y vanidad humana, que nunca favorece a España. En un capítulo titulado Alrededor de la Muerte, la inmortalidad y la gloria de Ramón y Cajal, nos escribe: "Una cornada en el corazón mata al caballo, una estocada en la misma víscera derriba al toro, que a su vez, en derrote desesperado y vengador, abre al lidiador el pericardio. Puestos que todos poseen un corazón y un sistema nervioso complicado ¿concederemos alma a los tres o a uno sólo? Y si nos decidimos por la última disyuntiva ¿se la otorgaremos al caballo inocente, al toro feroz o al hombre rudo que en vez de cultivar la tierra, tiene por oficio destruir los animales que ayudan a labrarla? ¿Quién es menos bruto de los tres y el más digno de la inmortalidad del espíritu? Para mí la cuestión no ofrece la menor duda; el caballo." Lope de Vega (1562-1635) no era aficionado ni apologista a las corridas de toros, pero una de las pocas condenas a la fiesta de los toros que se conoce de él, nos dice: ¡Fiesta mortal! A tu inventor primero ¡Bárbaros españoles, inhumanos!
Es claro y evidente que existe una sociedad económica,
política e intelectual y religiosa española aficionada, interesada e
"infectada" por los toros como Vicente Espinel (1550-16 Dentro de esta gran realidad de la vida española se manifiesta a una iglesia católica comprometida, colaboradora y sin oposición a esta ruina del alma. Veamos como nos pone a la iglesia católica en relación con el mundo de los toros, el Premio Nobel de literatura , en 1922, el español Don Jacinto Benavente: "La Iglesia, nos dice, tiene o ha tenido, un espíritu benévolo, ha mirado siempre con benevolencia al espectáculo taurino.""La Iglesia, tan intransigente en ocasiones con el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la más benévola tolerancia a las corridas de toros." Como es posible, viene a preguntarse, Benavente, que la Iglesia sea tan dura con todo aquel desvío procedente de la inteligencia sea tan blanda para un espectáculo que extraña violencia"? "Para la inteligencia con todos los rigores; para la brutalidad las más indulgentes sonrisas." "La Iglesia, tan celosa en fulminar anatemas contra los errores de pensamiento (...) no lo es del mismo modo contra estos errores de acción." Y es verdad que la postura de la Iglesia católica española ante las corridas de toros ha tenido que ver con las conveniencia que con la coherencia. He aquí algunos testimonios de religiosos católicos que atestiguan la tinieblas de estos actos. Juan Mariana (1535-1624), el Padre Mariana, historiador y eclesiástico español, expone en su obra De Spectaculis, los argumentos más contrarios a la fiesta de los toros. Por ello es considerado este jesuita como uno de los grandes enemigos con que ha contado aquélla a través de la historia. Quien calificara de "nefasto, cruel y negro espectáculo." Santo Tomás de Villanueva, Ermitaño agustino español, 1488-1555, habla de rito gentil, de barbaridad, de "bestial y diabólica usanza", advirtiendo a los que no prohibían las corridas que "no sólo pecáis mortalmente, sino que soís homicidas y deudores delante de Dios en el día del Juicio de tanta sangre violenta vertida." "¡Cuán grandes son tus obras,
OH Jehová!
A través de la fiesta de los toros se han creado
incontables elementos culturales a lo largo de la historia: poesía, prosa,
periodismo, teatro, música, cine y arte. S Finalmente, el argumento central de este documento es que es censurable cualquier acto que implique sufrimiento o muerte de cualquier animal, sin otro motivo que la simple diversión, como es el espectáculo taurino, y que su práctica es un oficio infame y vil, y que es un hecho de profunda preocupación que el pueblo español se desvíe de la piedad y cristiana como lo creen serlos de auténticos creyentes y convencidos cristianos.
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