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Este sistema capitalista, cada vez más materialistas y
utilitaristas Esta insaciable sanguijuela del capitalismo, como una penetrante fuerza de su estructura ha creado una sociedad occidental no cristiana; una fábrica de árboles de consanguinidad y afinidad de los pecados. ¿Q ué visión viene a nuestra mente de esta Navidad, sino a un Jesús en angustia, soledad y en agonía, de flagelaciones y ultrajes? A inicios de este siglo XXI continúa siendo más cierto que nunca la siguiente afirmación de Karl Marx: "Todo lo sólido se desvanece en el aire: todo lo sagrado es profano (...)".
¿Acaso no hay razones cristianas para no condenar la absurda e impía pretendida aniquilación de la esencia espiritual del hombre cristiano y del uso como instrumento y utilidad que hace de esta festividad el capitalismo? Desgraciadamente, debemos de admitir que estamos gobernados por una sociedad religiosa, porosa, permeable, tolerante con el error y al servicio del sistema. Y la Biblia nos dice de ellos, con palabras duras y claras: "¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿Y cómo no distinguís este tiempo? ¿Y porqué no juzgáis por vosotros lo que es justo?" ( Lucas 12:56,57). Pues señores religiosos: "El testigo falso no quedará sin castigo. Y el que habla mentiras no escapará" (Proverbios 19:5). Podríamos afirmar también que los pueblos llamados
cristianos están moralmente unidos implicados con esta inmoralidad pagana,
lo cual acarrea condenación.
Queda claro que estos pueblos pueden ver y entender si quisieran, mas en su perversa obstinación han traicionado su propia fe, y aferrados a la negación con sus mayores los religiosos, pues también están sujetos a la maldición de la Ley: " Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, he invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros, terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán. Podré mi rostro contra vosotros... si aún con esto no me oyereis, sino que procediereis conmigo en oposición, yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados." (Levítico 26: 14, 15, 16, 17, 27 y 28). ¿Cómo silenciar nuestra voz o encubrir las monstruosidades que se están cometiendo contra el cristianismo? Pues es un deber lícito y urgente salir al frente y combatir con aquella acción socio-cultural destructora de los valores cristianos.
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