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Subvertir a las doctrinas sagradas |
Nacer no es lo mismo
que empezar a existir. El hombre como las doctrinas búdica, cristiana,
islámica, judaica, marxista y védica, entre las más principales, nacen
para los demás y para sí mismo, en el preciso instante en que se hacen
visibles a través del tiempo. Pero es bastante claro que la Doctrina no
se acepta ni se practica como disciplina moral y mental, sino, que el
uso que se hace de ella es eminentemente religioso, y pragmático.
Lamentablemente un deseo vano y un falso apego a lo simplemente temporal
para abrasar como una religión que supone el fin de la vida
Es tan opuesta la relación del hombre con la
Doctrina que ha renunciado a ella y más aún la arremete; pero también la
necesita para orientarla en un nivel intermedio que no sea tan alto que
establezca la disciplina en todas las direcciones, como un esquema de
integración, ni tampoco, tan bajo que deje al hombre sin defensa. Es el
esfuerzo del hombre realiza para que la Doctrina(s) se modele de manera conveniente
hacia él.
¿Qué representan las Doctrinas? Representan
un único idioma: el idioma de la generalidad y universalidad, hasta la
médula del psico-espiritual del hombre, incluso, hasta la conquista de
los pueblos, sociedades, estados, gobiernos, etc.; hasta alcanzar su
emancipación y liberación con "el mundo". Surgen alejados de los
límites. Y bajo ninguna circunstancia se presenta en ellas su carácter
"neutral". Que guía hacia la sabiduría y a la visión interna. Es luz
ilimitada, libre, radiante, pura, creadora de alegría incesante e
inexpresable. Una idea de esta estrecha asociación la proporciona los
siguientes credos:
Del credo budista:
"Quien
ve el Dhamma, me ve [es decir, a Buda]; quien me ve, ve el Dhamma".
Del credo cristiano:
"Otra vez Jesús les hablo, diciendo: Yo soy la luz
del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la
luz de la vida".
Del credo islámico:
"Por cierto que, a quienes niegan nuestras aleyas
les introduciremos en el fuego infernal. Cada vez que su piel se haya
abrasado, se la cambiaremos por otra piel, para que experimenten el
suplicio; porque Dios es poderosos, prudente".
Del credo judaico:
"Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus
ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los
días".
Del credo marxista:
"No es la conciencia de los hombres lo que
determina la realidad; sino la realidad social es la que determina su
conciencia." Marx y Engels.
Del credo védico:
"Aquellos que ejecuten sus deberes de acuerdo a Mis
mandatos y que siguen estas enseñanzas fielmente, sin envidia, se
liberan del cautiverio de las acciones fruitivas".
En una
cultura como la nuestra tan vil, humillante y mísera; pragmática y
reciclada, sería imposible negar que el hombre subvierte a las
Doctrinas. Lo dicho debe ser suficientemente claro cuando se advierten
los conceptos del hombre como agente sin ataduras, ni límites y con
autoridad incondicional en el mundo. Una Actitud que adopta frente a las
Doctrinas en definitiva liberal y conservadora; una actitud desligada e
inconexa con las Doctrinas; actitud contradictoria y alejada de la línea
coactiva e inflexible de las Doctrinas y que se conciben sin
concesiones ni partidismos.
Nuestra
imaginación creativa puede ser buena presentando ideas morales con la
intención de construir leyes "racionales" o "utilitarias". Sin embargo,
no hallará en el fondo principios claramente filosóficos y científicos
como parte integral de la verdadera vida y condición indispensable de su
renovación sino está bajo la influencia preponderante de la Doctrina.
Puesto que la Doctrina en su concepción tiene una gran influencia en la
orientación del pensamiento y la cultura: expresados en crear valores y
a legislar normas de comportamiento individual y colectivo; principios
de creencias, de administración y justicia, de moralidad, de relaciones
humanas y principios de conocimientos, dentro del contexto general en
ciertas naciones.
Por lo
mismo, podemos apreciar el valor de este juicio y prestemos mucha
atención de la mutua interdependencia que se busca de las Doctrinas
[aunque cuestionados por su relativismo, pragmatismo, y en otras,
limitadas en su alcance] dentro del contexto general de una nación, como
la fijación de políticas en la legislación de Argelia, Cuba, China,
Egipto, Irán, entre otros. Queda claro en estos países el resurgimiento
de la presencia de la rebelión del hombre contra sí mismo; en donde se
transfiere la soberanía de la Doctrina como un agente moral y autorizada
por encima de las reglas y juicios "morales" que expresan los liberales
y conservadores.
Así se
comprueba la naturaleza del hombre: El hombre muestra en sus conceptos
ideas "flexible" y "progresistas", es decir, presenta cuadros
heterogéneos, una ley de desarrollo personal, intermedio o liberal. En
cambio, las Doctrinas presentan una naturaleza de mandato totalitario,
para ordenar la vida del hombre y todo lo que este ha creado. Dice el
sagrado Corán: "¡OH humanos!, en verdad os ha llegado una exhortación de
vuestro Señor que es medicina para la enfermedad de sus almas" (1:57).
Por lo
mismo: El ser humano urde planes y ajusta y concierta propósitos
independientemente de la presencia de las Doctrinas. Y más que seguro
está que a través de su "genio esencial" en un determinado
tiempo-espacio histórico logrará su realización. reinará el imperio de
la rectitud y de la justicia. Una voluntad cimentada en la capacidad de
las características comunes de los hombres: de visión progresista,
razonable, tolerante, etc.
Por
desgracia, esta alternativa divisional del hombre con la Doctrina
(veámosla así, como bien intencionada, y muy encantadora y positiva) no
es moral ni espiritual, sino erróneas y contradictoria. Puesto que es
difícil de aceptar a la luz de lo que es el hombre irreal e iluso, que
surja una naturaleza integracionista, que logre regenerar y perfeccionar
si está divorciado con su propia espiritualidad. Escribió alguna vez
Spengler: "la técnica de su vida es como la de una rapiña, magnífico,
valiente, astuto, cruel. Vive atacando y aniquilando. Quiere ser Señor
desde que existe."
Las
Doctrinas tienen un sistema de pensamiento filosófico, una
interpretación del ser, un Libro sagrado fundamental que ella unifica,
integra y dirige; todo con un sólo propósito hacia la paz, la verdad, la
rectitud, la justicia y la democracia. Con ella podemos disfrutar de un
auténtico desarrollo político, social, económico y cultural; Y con ella
el hombre deja de ser "el hombre- masa" "un producto" "una cosa", para
poseer una existencia auténtica.
Lo
indudable está en que las Doctrinas no se disfrazan a nuestro gusto: no
adoptan colores, formas, ideologías, moralidades o fe de cualquier
grupo. Para ellas, la dinámica del progreso es global; un sentimiento
universal; una idea ampliamente aceptada.
Por
último, también es subvertir a las Doctrinas cuando se incurre con un
propósito de evidencia religiosa para socavar los intereses de una
nación educados sobre la base de una Doctrina. Cuesta hoy en día
aceptar o dar por sentado que en China se conciba como una nación
marxista, pero nadie negará que hay un importante aspecto cultural
esencial en el pueblo chino para su comprensión filosófica del marxismo
ante las creencias cristianas. Por lo tanto, incurrimos en desagradable
equivocación si intentáramos introducir nuestra fe religiosa cristiana
tal como es: individualista, secular, misional, liberal, conservadora y
múltiple, como lógica redentora y liberadora en China. Adviértase que
las experiencias religiosas demuestran claramente que guardan un
espíritu de sombría seriedad y como institución religiosa son únicamente
extensiones de nuestros egos a través de las cuales intentamos poseer
nuestros mundos, nuestros yoes, lo cual es una auténtica farsa e
inadmisible una realidad religiosa cristiana en la dialéctica china.
Ésta es una llamada a admitir la total irresponsabilidad y culpabilidad
en una institución o movimiento religioso como un auténtico atentado
para desviar y socavar el pensamiento chino existente. Por lo tanto,
pretender introducir un modelo religioso en China es histórica y
doctrinariamente inmoral y que merece nuestra más profunda condena.
Entonces, ¿cómo introducir el cristianismo en China? Una acción
auténtica que uno pueda emprender en China únicamente es posible a
través de nuestra implicación verdadera con la Doctrina cristiana:
dirección de existencia auténtica y revolucionaria. Tomemos como ejemplo
de esto la lección bíblica que nos ofrece Eclesiastés XI, 1"Arrojad
vuestro pan sobre las aguas, porque lo encontraréis al cabo de muchos
días". Y decirles a las instituciones religiosas convencionales y del
pensamiento religioso convencional que "¡Ay de vosotros, escribas y
fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un
prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno
que vosotros." Mateo 23:15
Luigi Campos Chalco
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