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Sísifo,
símbolo de la astucia y el cálculo, había engañado sucesivamente a Zeus
y a Thanatos, dios de la muerte. Como castigo se lo condenó a llevar
hasta la cima de una montaña una gran peñasco el cual, una vez arriba,
rodaba nuevamente hasta el fondo y exigía a Sísifo por lo tanto a
recomenzar una tarea que no tendría fin. A partir de esta mitología
griega retrato al principal protagonista de la historia el Hombre, a
saber, criatura racional de cuerpo corruptible, encadenado al culto y a
la servidumbre de lo absurdo y de lo vano; destinado a sobrevivir
incesantemente sobre sus opciones, actitudes y creencias advenida de la
idea de la soberana tierra y sometido a ésta. De manera que permanece
una y otra vez condenado a llevar su roca y desdeñado y en el fondo de
su historia.
¿Quién negará los conceptos vertidos por Adorno y
Horkheimer al decir por qué la humanidad en lugar de entrar en un estado
verdaderamente humano, desembocó en un género de barbarie? O, el sentir
de Leandro Nicéfero Alem diciendo: "he terminado mi carrera, he
concluido mi misión. Para vivir estéril inútil y deprimido es preferible
morir: ¡Sí, que se rompa pero no se doble! Mis fuerzas gastadas han sido
incapaces para detener a la montaña y la montaña me aplastó."
Se trata de una realidad concreta, universal que descubre
el espíritu del hombre: siempre con su creación estéril, su esperanza
una rutina y su victoria un espejismo.
Y es que el Hombre, siglos tras siglos, es portador del
peso de una roca que representa su Tradición. Que resulta ser dualista,
ambivalente, conservadora y que sentó sus dominios sobre la estructura
mental del Hombre, hasta convertirlo en un ser fiel y obstinado a no
liberarse de ella. Y en tales condiciones trabaja y lucha con y contra
la dualidad y con ella pretende revertir su condición humana, caótica.
Lamentablemente, el Hombre recoge la ingenuidad y la desolación de sus
aportes imaginarios tradicionales como un intento de que asegure su
perfeccionamiento.
Para mantener su roca tradicional el Hombre alimenta su
campo ideológico, psicológico e intelectual a través de la Moda. Con
ella florecen iniciativas de todo tipo. Es la fuerza vital de la
Tradición y que potencia al Hombre en su trayectoria hacia la cima. Y
con esto se da la alianza entre el Hombre y la Tradición.
Si continuáramos imaginariamente esta trayectoria de
Sísifo a partir de su roca, el conflicto por la cima y mantenerse en
ella sería sólo posible para el Hombre a través de la conquista de una
nueva roca, cual es la Doctrina. Esta muestra una ley de desarrollo que
no conoce el Hombre hasta ahora, salvo algunas excepciones.
La Doctrina es aquella que se revela como una fuente de
trascendencia y que promueve a la humanidad hacia niveles de conciencia
universal; es aquel valor, factor, argumento que otorga un sentido
trascendente al Hombre; es aquella que siempre permanece intacta frente
a nosotros y más aún es un instrumento de creatividad que nos permite y
posibilita lograr el conocimiento de la realidad profunda, y nos obliga
por sí misma a penetrarnos en conocimientos inexplorados; una fuente de
conocimiento cuyo valor es apoyarnos hacia la experimentación de
ideales; un valor particular y autónomo, portador de una trascendencia
que no guarda un vínculo de dependencia directa con la ideología
religiosa y política, va más allá de un sinónimo ideológico. Se aparta
de la Tradición; mientras que ésta la conserva, la modifica
creativamente y la transmite con su inspiración. Esta es, pues, las
Doctrinas búdica, cristiana, islámica, judaica, marxista y védica, entre
las más principales de mi estudio, que están sumergidas en la oscuridad
y alteradas indiscutiblemente por la Tradición religiosa y por la
Tradición pragmática en particular con el marxismo.
¿Pero que nos hace pensar que el Hombre no pueda
conquistar una nueva roca? Sin duda es por su temor y porque anda escaso
de un pensamiento fundamental (doctrinal). La Doctrina es una inmensa
masa donde sale una respuesta extrema, exigente, severa, obligatoria,
dominante, rígida, que podríamos llamar "frontal" y "absoluta", con la
que el Hombre no quiere convivir. Abrimos como ejemplo una cita bíblica
y apreciaremos lo evidente e inocultable de esta verdad. Levítico 26:
14,15,16,17: : "Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis
mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma
menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e
invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre
vosotros terror, extenuación y calentura que consuman los ojos y
atormente el alma, y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros
enemigos la comerán. Pondré mi rostro contra vosotros...".
Ante tal concepto y definición de la Doctrina, cabe
preguntarse si el Hombre será capaz de ponerse en marcha hacia la
cumbre, con su secular ruptura de su Tradición y consiga conquistar su
nueva roca, la Doctrina. El hecho de que el Hombre es en el fondo una
Voluntad de Poder (Nietzche), confiamos en la ecuación tiempo-espacio
que podrá desprenderse de sus ataduras y proseguir una trayectoria
vital, una dirección cierta y vigorosa y resuelta. Pero mientras tanto,
el Hombre sigue siendo el que es, Sísifo
Luigi Campos Chalco
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