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Cristianismo: Occidente el infiel cristiano |

Una
vez más nos volvemos a encontrar con la muerte, y frente a un escenario
histórico significativo del 11 de Septiembre de 2001, estamos ante un
concierto de conceptos occidentales que se constituyen como una realidad
cultural cristiana. He aquí las más importantes manifestaciones en forma
de respuesta acerca de lo acontecido, el cual iré analizando la causa y
el efecto de ella.
Del "Martes Negro"
Nos quedamos impresionados e indignados
contra el ataque de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva
York y el Pentágono en Washington.
De la rabia y del orgullo
Prácticamente las respuestas son las mismas de
recurrentes en el mundo de condena, como aquellas: "una ignominia y una
vergüenza para la humanidad", "de escalofriante estallido de
brutalidad", "de humillante afrenta a la dignidad del ser humano, que
nada ni nadie puede justificar por razón alguna", y otro calificativo
como "un deleznable ataque a la libertad", etc.
De la cruzada y asunto siguiente, la
cuestión del contraataque.
Quien bajo la guía del César Bush se apoya
la aplicación de una "justicia infinita" que, de entrada, sugería,
"castigo infinito". Y se encuentran las siguientes respuestas:"la tarea
de desintegrar a los integristas", "lo de la guerra sucia", "el de
morder el polvo", "del exterminio de los responsable directos o
indirectos de la masacre", "de desmantelar las redes terroristas en el
mundo", etc. Es decir, respuestas llenas de odio y venganza.
Del dolor.
Y lamentamos que unas pocas horas, Estados
Unidos haya perdido miles de vida e innumerables personas quedaran
heridas y mutiladas para el resto de sus vidas, quemadas y ciegas.
La causa y el efecto de este
acontecimiento.
Y frente a esta reacción de indignación,
repudio y de dolor, lo digo sinceramente, sin la menor intención de
engañar a nuestro propio pueblo y al mundo, como sí lo están
acostumbrados "los libres pensadores", "los ilustrados" de esta época y
es que al investigar la Biblia, el Corán y otros libros sagrados, puedo
descubrir su contraposición frente a esta reacción del mundo occidental
"cristiano". Y más aún, desde una ubicación doctrinaria cristiana o
islámica queda al descubierto que de lo que interpretamos este ataque
como una acción maléfica, es para éstas fuentes doctrinales
sustancialmente positiva y contributiva hacia el bien del mundo
occidental (¿...?) Prácticamente los textos sagrados lo demuestran así.
Puede
decirse que las alegaciones y condenas que lanzan los occidentales
"cristianos" son falsas bajo una interpretación cristiana e islámica.
Insisto una vez más, aquellos occidentales infieles dirían que es
absolutamente falsa y error pernicioso (...) injurioso, precisar,
concebir y declarar que los textos sagrados se transformen en una
amenaza a la existencia de esta civilización occidental, pues,
realmente, hay pruebas lo suficientemente esclarecedoras que
impresionarían a los indiferentes e ignorantes y que daré a conocer en
esta oportunidad.
Primeramente, digamos que algo marca la sociedad occidental: su
indiferencia, ignorancia e infidelidad hacia la enseñanza bíblica y
mucho más a lo islámico, que ni la marca ni la advierte, puesto que no
existe en rasgos generales.
La respuesta la podemos hallar en una
interesante encuesta llevada a cabo con anterioridad a los atentados del
11 de Septiembre, por el Centro Islámico-Cristiano con la colaboración
de la Conferencia de Religiosos Españoles (CONFER) y de la Comisión de
Relaciones Inter.-confesionales de la Conferencia Episcopal, que fue
respondida por 500 sacerdotes, religiosos y religiosas.
A la pregunta si han leído algún estudio
sobre el Islam, el 54.88% de los religiosos responde que "no apenas
nada"; el 21,29% dice "sí, hace bastante tiempo", y el 23,83% admite
"sí, recientemente". Sobre si alguno ha leído el Corán, que para los
autores de la en cuesta "debería ser una de las principales fuentes de
información sobre el Islam", sólo el 5,3% de los encuestados responden
que sí lo ha leído, frente al 53,01% que no y el 40,58% que reconoce
haber leído algún fragmento.
Pues, ante esta ignorancia e indiferencia
de los religiosos, ¿qué se puede esperar de los pueblos occidentales?
¿Pueden éstos emitir un juicio o estar capacitados para la comprensión
de los acontecimientos del 11 de Septiembre? Y más aún, ¿qué respuesta
valedera nos puede transmitir una sociedad infiel ablandada, porosa,
invertebrada, hasta estúpida, bellaca, imbécil y sin alma? Desde luego,
con respeto y con firmeza diría que nada nuevo puede salir de ésta. El
mismo juicio nos revelan los libros sagrados, veamos:
La
Biblia nos dice: "Porque los gobernadores de este pueblo son engañadores
y sus gobernados se pierden. Por tanto, el Señor no tomará
contentamiento en sus jóvenes, ni de sus huérfanos y viuda tendrá
misericordia; porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla
despropósitos..." (Isaías 9:16).
El
Corán nos dice: "En verdad en cuanto a aquellos que creen y que luego no
creen, para volver a creer, aumentando su incredulidad, que no esperen
que Allah les perdone ni que les guíe por el camino recto. Dad a estos
hipócritas la buena nueva de que un suplicio doloroso les está
reservado." (Sura III, Aleya 136,134).
La entrada de le Tercer milenio del
cristianismo, occidente ha cerrado las puertas a Cristo. Y es una
realidad que hay que concretarla, que ante el rostro doliente del
Crucificado, occidente es el infiel cristiano. Cubierta de una llaga
inmunda del pecado. Infectada de demonismo. Esta es la afirmación de
cada hombre fiel y revelada en los propios textos sagrados cristianos e
islámicos.
"Oíd,
cielos y escucha tú tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los
engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y
el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene
conocimiento. ¡OH! Gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación
de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al
Santo de Israel, se volvieron atrás." (La Biblia, Isaías 1:2,3,4).
"La
vida del Mundo no es sino un juego y una diversión . Pero ciertamente la
permanencia en la otra vida es mejor para aquellos que temen a Allah.
¿No lo comprendéis? (El Corán, sura VI, aleya 32).
Y
es la afirmación de cada hombre
fiel que el imperio norteamericano es la gran potencia del Mal,
representada por la Gran Bestia. Y es la sociedad de Nueva York el icono
por excelencia de Babilonia: la prostituta manchada con la sangre de los
pueblos del Tercer Mundo, de las hambres y la pobreza de África,
Centroamérica, Asia, etc. Pues que se oiga sin prejuicio que lo
acontecido es una respuesta reflexiva profunda y fuerte que la
injusticia puede santificar la violencia.
Es indiscutible que la violencia está condenada por los "libres
pensadores", modernistas, liberales, evolucionistas, antropocentristas,
relativistas, etc. Pero para los Planes de Dios o Allah es
inobjetablemente valedera.
Debo de
precisar una vez más que no pretendo dogmatizar, sino simplemente
razonar bajo el pensamiento doctrinario cristiano e islámico. Sobran
ejemplos en los textos sagrados bíblicos y coránicos de lo que invalidan
y condenan los "libres pensadores" es injustificable para Dios.
Recuerden las palabras de Jesús sobre la caída de la torre de Silot, al
decir: "O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y
los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que
habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos
pereceréis igualmente" (La Biblia, Lucas, 13:4,5).
"¡
Cuántas ciudades Yo he destruido! Mi violencia llegó contra ellas
durante la noche o a la hora de la siesta. (El Corán, sura VII, aleya 3)
"No
sois vosotros quienes los habéis matado. No eres tú que ha lanzado la
flecha cuando has tirado, sino que ha sido Allah el que ha tirado. Y lo
ha hecho para poner a prueba a los creyentes mediante una prueba en
verdad hermosa. Ciertamente, Allah entiende y sabe" (sura VIII, aleya
17).
He
preferido recurrir a los textos sagrados para dar respuesta a los
acontecimientos del 11 de Septiembre, puesto que es un derecho natural
que predomina y que se atribuye en su religiosidad cristiana e islámica
un culto público y social. Y finalmente, a su reflexión y análisis
diría: ¿Para estar en paz con Dios o Allah es preciso estar en guerra
con el error? ¿Podría ser un misterioso designio divino santificar la
violencia como objeto de castigo a la monstruosidad absurda e impía de
nuestra sociedad occidental infiel? Y ¿Acaso son los libros sagrados
instrumentos apologistas de la violencia? Usted tiene la palabra.
Luigi Campos Chalco
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