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Pero a pesar de las numerosas hipótesis, musulmanas y occidentales, sobre el origen de la palabra, no hay duda que el sufí se muestra como un místico o asceta o devoto o adorador o gimiente. Aquél que empieza a desarrollar la doctrina de la " vía interior ", a descubrir la ha-qiqa o " pensamiento interior " o el camino espiritual hacia Dios a través de la piedad. En su práctica y en sus actos se plantea la búsqueda de la divinidad en sus distintas etapas (maqam) - el arrepentimiento, la abstinencia, la renuncia, la pobreza, la paciencia, la confianza en Dios y la satisfacción- hasta los estados (jal) místicos más profundos- la meditación, el acercamiento a Dios, el amor, el temor, la esperanza, el deseo, la intimidad, la tranquilidad, la contemplación y la seguridad -que lo llevarán hasta su última finalidad esencial- la contemplación y la unión con Dios-. Un gran sufí fue al-Ghazzali (muerto en 1111), considerado la figura más grande del islamismo medieval y el musulmán más influyente después de Muhammad, comparado con san Agustín y Martín Lutero y quien escribiera su autobiografía en el Libertador del error. También lo fue la santa mujer Rabia (muerta el 801). Pobre, primero esclava y después liberta, vive muchos años (90 ?), teniendo por morada una choza de cañas cercanas a Basora, orando y gimiendo. Y quien escribiera :
Esa preocupación de vida espiritual también se puede apreciar en la India, en donde alrededor de siete millones aún quedan de saddhus. Un saddhu es un hombre piadoso, un buscador de la verdad, aquel que ha renunciado a la ordinaria vida cotidiana para abocarse a la búsqueda interior. O sannyasin, quien toma un bastón, un recipiente para el agua y un filtro y, vestido de color ocre, se va por los caminos, peregrino sin hogar, preocupado únicamente por alcanzar la verdadera felicidad, Para su familia es un muerto vivo. Cuando muere, consideran que sus funerales han sido ya celebrados y se limitan a enterrarle. Esta necesidad de apartarse del mundo que experimentan muchos individuos, cuando observamos y vivimos de cerca el verdadero problema en que se encuentran los inmigrantes " sumergidos " y " sin papeles " , manifiesto un sentimiento profundo de la vida y que me inspire a imaginar a los " pre sufis ", " pre saddhus " o " pre sannyasin " en ellos. Desde luego relacionarlos entre sí en el sentido de que expresan la misma devoción interiorizada en estados místicos más elevados, sería absurdo. Pero el hecho que ante el fundamento del carácter represivo y violento del esclavismo en que vive el inmigrante, no tiene otra explicación que reflejarnos lo largo y tortuoso de sus vidas. En esas condiciones actúan en las plazas, en los templos, en los puentes, en las casas abandonadas, en las calles, en los albergues, enfrentándose al mundo, a través de su canto, de su llanto, de su exclamación, de su sueño, de la limosna... En esta visión prevalece las palabras del trabajador-poeta Charles Poncy quien protestara en 1850 ante el rey san Crispín : " El hambre nos engancha a su negro carro, nuestros salarios son tan reducidos. Por pan y harapos nos quemamos las cejas. Mis hijos, amontonados en desorden sobre viejísima ropa de cama, han manado hasta dejarlo seco el descarnado pecho de su madre. Comemos las semillas de maíz de las que debería salir el alimento para los pequeños. " Pues estos resisten contra la indiferencia de la sociedad industrializada, del presente racismo -exclusivista- contra el latinoamericano, el africano, el musulmán..., de la presente persecución policial y tortura como lo señala Amnistía Internacional quien denuncia 321 casos de tortura a inmigrantes -hombres, mujeres y niños- , a manos de agentes del Estado español entre 1995 y principios de 2002 (17.IV.02). De igual modo contra la Ley de extranjería que dentro del marco del derecho burgués, siempre unilateral y en la que todos debemos de someternos. De ahí que reconocemos con Karl Marx al mismo tiempo la causa profunda de que todos los derechos fundamentales y libertades en que se engalana la sociedad burguesa no sirven de nada a la clase de los asalariados desposeídos. He innegable en la palabras de Pierre Griolet en su obra Trabajo, amor y política, " Pobreza y humillación son impuestas a otras personas ; la pobreza se impone a la fuerza. Para cuantos sufren un destino así no queda otra situación que la revuelta, y en ese caso es legítima". " En esas condiciones, características de la situación de casta vivida por el esclavo, éste no disponía de elementos para organizar una inteligencia política de su enajenación y posibilidades de lucha. Por eso, en la relación esclavo-señor, el antagonismo nunca se desdobla en la lucha propiamente revolucionaria. El esclavo podía rebelarse en grupo. Pero esos actos no eran el producto de una inteligencia política de la enajenación esclava. En general, eran el producto de una rebelión, por así decir, subjetiva, personal o anárquica. " Octavio Ianni, Esclavitud y capitalismo. Además, estos resisten y se enfrentan y reaccionan contra la clase burguesa. En su condición sus vidas no son ordinarias, puesto que por el rigor impuesto, presentan nuevos caminos para su subsistencia. Al paso renuncian a los prejuicios dominados por su " pensamiento interior ". En el ambiente económico, sociocultural y político de la ciudad sufren y son pisoteados en sus derechos a la vida, a la cultura, a la salud, al trabajo, a la participación social... La Declaración de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948 precisa, en su artículo 23, que "toda persona tiene derecho al trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias y a la protección contra el paro". Este precepto es incompatible con la realidad, lo cual es utópico y subjetivo y por el tiempo en que transcurre, es inmoral. Y así vemos al protagonista, el trabajador inmigrante en el mundo, en su epopeya diaria ; el héroe anónimo que siente el daño físico y moral, y que se sostiene, resiste, aguanta, tolera, consigue, ejecuta, se rebela..., en toda acción realizadora con mucho sufrimiento y dificultades. Cabe aquí una nota por aproximación con la sociedad religiosa sacerdotal e institucionalizada en el mundo y en todas sus corrientes, para invitarlos a lo largo de sus vidas y dejar de lado aquella tentación placentera del modo de vivir en vacaciones, con sus periodos de "retiro y reflexión" -ejercicios espirituales", "cursos de renovación, "jornadas de espiritualidad"- o celebraciones gozosas de la comunidad -profesiones, jubileos de profesión o sacerdocio- para convivir con los "pro sufis" que son por millones en el mundo. Y formar parte de ellos en situación similar de necesidad, del peligro y de las dificultades. Y es allí en donde desarrollarán su trabajo asistencial. Una participación fuera de esa convivencia pues no habrá resonancia y ordinario será vuestro trabajo, en participación inútil y palabras vacías. |